Dos Estrategias para Liderar desde el Amor
por Liberto Pereda
22 Abril, 2012 | Publicado en General

La última canción que Edith Piaf registró antes de su muerte en 1963, fue “L’homme de Berlin” (El hombre de Berlin). Murió joven, con 47 años. Murió amando la vida. Vivió amando la vida. En esta canción, Piaf (“gorrión”), expresa una vez más su pasión por la vida, y comparte su enamoramiento por la vida, en forma de “él” (lui), “il n’y a pas que lui”. Pone el amor en primera persona, incluso en su última canción. Tal vez por aquello que también nos recuerda Piaf con su famoso “Rien de rien”, que no se arrepentía de nada, de nada en absoluto.
Regresando al 2012, a este día, me pregunto ¿qué es lo que me mueve? ¿me mueve el miedo o me mueve el amor? Y a ti, ¿qué te mueve? Y a nosotros, ¿qué nos mueve? ¿el miedo o el amor?
Si miro la realidad tangible, aquella que se lee en los periódicos, aquella de la que se habla en muchos rincones de muchas organizaciones y empresas, aquella que se escucha en muchas tertulias, me resulta difícil ver el “amor” como motor de las acciones. Si siento la intangible, aquella que se ve en los ojos de las personas, aquella que se siente en la intención de muchos, aquella que nos impulsa a anhelar que las cosas cambien, entonces me resulta difícil ver el “miedo”. ¿Cómo hacer tangible ese amor a través de nuestras acciones?
Puede parecer que el amor no tiene nada que ver con el liderazgo, contigo al frente de una posición directiva en tu empresa. Sin embargo, tiene todo que ver. En el fondo, sabemos que lo que nos quiere mover es simplemente el amor. Otra cosa es permitir que ese amor esté presente en nuestros pensamientos, en nuestras palabras y en nuestras acciones.
Son muchos años del paradigma del control y la estrategia del miedo. Tantos que hemos llegado a creer que no valemos nada, o bien poco, sin nuestros logros, posesiones, relaciones, sin el reconocimiento, sin la posición. Tantos que nos cuesta vernos como seres humanos, naturalmente creativos, llenos de recursos y completos. Tantos que incluso hablamos de “humanizar” las empresas (gracias Pere por la inspiración). ¿Se puede humanizar lo humano? ¿Cómo hemos llegado a olvidar nuestra condición natural y de naturaleza?
Esta mañana hablaba con una amiga que trabaja en una gran empresa y me decía que siente la contradicción entre pagar procesos de desarrollo por valor de 10,000 € para cada directivo, cuando al mismo tiempo le están pidiendo que re-estructure y que reduzca posiciones de personas que cobran 15,000€ al año. Una contradicción que surge, en mi opinión, de ese baile de extremos entre el miedo y el amor. Estoy seguro de que una inmensa mayoría de directivos están en estos momentos sintiendo esta misma contradicción. Sin embargo no consiguen o no saben como disolverla. Tal vez, en una cierta desconexión de su condición natural y de naturaleza, una voz interior les dice “hace falta coraje, y tu no lo tienes”. ¿Cómo que no lo tienen?
Como dijo Ambrose Redmoon, “el coraje no es la ausencia de miedo, sino creer que existe algo que es más importante que el miedo”. ¿Qué es eso más importante que el miedo? El amor. ¿Qué es lo que se ama tan profundamente como para decidir romper esa contradicción?
Liderar desde el miedo, en la búsqueda estéril del control, nos ha llevado a donde estamos. Cuando nos quitamos los “monos” de trabajo, probablemente todos coincidamos en que algo no funciona y que tenemos precisamente lo que no queremos. Y si el “control” no funciona, ¿cual debe ser el nuevo paradigma que nos permita salir de esta contradicción entre lo que queremos y los resultados de lo que hacemos?
El nuevo paradigma debe dejar atrás el “controlar a las personas” y comenzar a buscar el “entusiasmar a las personas”. Ello implica liderar desde el amor. Liderar pensando que hay algo más importante que nuestros propios miedos. Liderar pensando que estamos al servicio de la sociedad y de la vida, no solamente de los “accionistas” y del “corto plazo”. Liderar activando aquello que realmente importa, lo que nos importa de verdad, lo que importa a todos de verdad.
Un grupo (si lo prefieres organización) que se oriente y dedique con pasión a entusiasmar a las personas, será un espacio propicio para que las personas vuelvan a sentir su condición humana. Un espacio donde, si se persigue lo que realmente importa, las personas aportarán pasión, iniciativa y creatividad. ¿No estamos en un momento en el que hace falta mucha, muchísima, creatividad, pasión e inciativa? ¿No estamos en un momento en que lo que hace falta es entusiasmo? Estamos en un momento en el que nos toca romper con esa contradicción. Estamos en un momento de tener coraje de hacer lo que realmente importa, pues ello es superior a cualquier miedo. Estamos en un momento en que es necesario dejar que el amor fluya.
Para dar ese salto, a pesar de los miedos, dos estrategias que tal vez puedan ayudar a liderar desde el amor:
1. Ganar claridad sobre lo que realmente te importa, me importa, nos importa.
2. Confrontar decididamente las creencias que alimentan los miedos y que nos limitan en la expresión de nuestro amor.
Para, sin esperar a ese momento en que tal vez te digas “ahora ya es tarde”, poder cantar desde ahora mismo, “non, je ne regrette rien” (no me arrepiento de nada).





